La gran apuesta de China: producir en masa robots que todavía nadie necesita.
China está construyendo un ejército de robots humanoides, decidiendo el futuro aunque todavía no haya compradores
Están creando máquinas capaces de realizar hazañas físicas complejas y tareas de servicio, pero: ¿hay suficiente demanda para justificar esta producción masiva? La situación es tan evidente que el año pasado, el propio gobierno chino advirtió públicamente sobre el riesgo de una burbuja en el sector, señalando que la comercialización y las aplicaciones prácticas van muy por detrás de la capacidad de fabricación.
La búsqueda de un propósito (y un mercado)
Ahora mismo, la prioridad es encontrar aplicaciones viables y a gran escala. A medida que la tecnología madure, los humanoides podrían encargarse de levantar cargas pesadas y realizar tareas monótonas en almacenes, fábricas y puertos, según explica Lian Jye Su, del grupo de investigación tecnológica Omdia. Sin embargo, este camino tiene sus propios obstáculos. Muchas fábricas, tanto en China como en otros lugares, ya están equipadas con brazos robóticos no humanoides que realizan funciones repetitivas y que, en muchos casos, son más que suficientes.
Más allá de las fábricas, algunas startups están empezando a explorar el sector servicios. Por ejemplo, Matrix Robotics, una empresa con sede en Shanghái, fabrica robots humanoides que utilizan IA, con un precio de unos 99.000 dólares por unidad. Su fundador, Allen Zhang, comentó recientemente que entre los clientes de sus aproximadamente 1.000 pedidos hay empresas como hoteles y cafeterías. Ejemplos como un robot humanoide vendiendo palomitas de maíz en un centro comercial, lo que demuestra que estas máquinas están pasando de ser simples demostraciones a tener aplicaciones prácticas.
El sueño lejano: un robot en cada hogar
La visión a largo plazo para muchos es el hogar, donde creen que existe un "mercado doméstico muy grande" para que los robots se encarguen de las tareas del hogar. Pero la tecnología actual está lejos de ser práctica para eso.
Un primer usuario podría quedar impresionado al ver a un robot doblar la ropa perfectamente, pero probablemente se frustraría con su lentitud y su gran tamaño, que dificultarían su movimiento en una casa pequeña. Samm Sacks, investigadora del think tank New America, lo resume así: "queda un largo camino para llegar a un nivel de funcionalidad en el que la gente se sienta realmente cómoda teniéndolos en sus casas".
Los obstáculos fundamentales que nadie puede ignorar
Mientras las empresas exploran nuevos mercados, los problemas de fondo siguen ahí. Un informe del Mercator Institute for China Studies señaló que, aunque los humanoides chinos ya son más baratos que los fabricados en otros lugares, siguen siendo "demasiado caros para una implantación generalizada".
Pero no es solo el precio. La propia tecnología tiene límites. "La economía es complicada: los robots humanoides siguen siendo caros de producir, frágiles en su funcionamiento y dependen de entornos muy estructurados para funcionar", explica Sacks.
Otro desafío clave es la recopilación de datos de alta calidad. Para que un robot aprenda a hacer algo más que una sola tarea, necesita datos de una enorme variedad de escenarios. Según Eric Guo, fundador de AI² Robotics, con sede en Shenzhen, acumular esa cantidad de información podría llevar años.
La estrategia de China: fabricar primero, preguntar después
A pesar de estos vientos en contra, China está apostando fuerte por los robots humanoides como un futuro motor de crecimiento. Para ello, está siguiendo el mismo manual que la catapultó al dominio en sectores como los smartphones y los vehículos eléctricos: centrarse en la comercialización masiva y la reducción de costes en lugar de en la innovación de vanguardia. Las startups del país cuentan con un enorme apoyo estatal, en línea con las directrices del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT), que establecen objetivos de producción en masa y buscan integrar los humanoides en la economía real para 2027.
Esta estrategia es posible porque China, como la "fábrica del mundo", lidera en capacidad de producción en masa y tiene una robusta cadena de suministro. Según un informe de Invesco, la creciente producción local de componentes críticos, como reductores y actuadores, ha ayudado a que los robots chinos sean, de media, un 20% más baratos que los modelos extranjeros. Morgan Stanley estima que el precio medio podría caer de los 46.000 dólares del año pasado a unos 21.000 dólares en 2050. Además, la enorme base industrial del país proporciona una demanda interna natural para la automatización, creando un mercado perfecto para la adopción de la robótica. Este dominio de la cadena de suministro es parte de la estrategia más amplia de Pekín para asegurar el control tecnológico.
Un dominio en producción que choca con la realidad
Los resultados de esta estrategia son evidentes. El año pasado, según un informe de Barclays, los robots humanoides chinos representaron alrededor del 85% del total mundial. Las cifras de envíos cuentan una historia similar: De los aproximadamente 13.000 robots humanoides enviados en 2025, la empresa china AgiBot envió más de 5.100 unidades, según un informe de Omdia.
Algunos fabricantes chinos, como Unitree, afirman ser ya rentables, con ingresos de 1.700 millones de yuanes (unos 250 millones de dólares) el año pasado. Pero este dominio en la producción no hace más que agudizar la pregunta central que enfrenta la industria: ahora que los han construido, ¿quién va a utilizarlos? Este pulso es un capítulo más en la carrera por el liderazgo en IA entre ambas superpotencias. Al final, la competencia en la era de la IA no se decidirá por quién tiene la tecnología más avanzada, sino por quién logra aplicarla de manera efectiva en la mayor cantidad de industrias, una ventaja que China está construyendo activamente con su base manufacturera y su ecosistema de datos.