Cómo la inteligencia artificial vigila los bosques de Nueva Zelanda para salvar especies nativas
En Nueva Zelanda, la IA ayuda a detectar animales y orientar el trabajo de quienes protegen la fauna.
¿Cómo encuentras al animal que buscas entre más de 44,000 videos grabados en un bosque?
Ese fue el volumen de imágenes que acumuló un despliegue de cámaras de un proyecto de conservación en Nueva Zelanda. Entre esas grabaciones, los equipos necesitaban identificar zarigüeyas y armiños: animales introducidos que amenazan a la fauna nativa.
La inteligencia artificial está ayudando con esa tarea. Un sistema reconoce animales en las imágenes y permite consultar las detecciones desde un teléfono. Así, quienes cuidan el bosque pueden orientar su trabajo con información sobre lo que ocurrió durante la noche.
El caso, recogido por el medio público neozelandés RNZ, muestra una aplicación de la IA que merece nuestra atención: ayudar a las personas a encontrar información útil entre miles de registros para decidir dónde intervenir.
El reto: saber qué ocurre cuando nadie está mirando
Instalar trampas es solo una parte del trabajo de conservación. También hay que saber qué animales pasan por una zona, dónde siguen apareciendo especies invasoras y si los esfuerzos están ayudando a las aves nativas.
Observar el bosque durante unos minutos o revisar grabaciones manualmente exige tiempo y puede dejar preguntas sin responder. Al ampliar el monitoreo, aparece otro desafío: conseguir que toda esa información sea útil para quienes trabajan sobre el terreno.
De miles de videos a saber dónde buscar
En una reserva junto al Parque Regional Shakespear, al norte de Auckland, el proyecto Pest Free Hibiscus Coast utiliza una red de cámaras con IA para identificar animales.
Las cámaras captan imágenes mediante tecnología infrarroja, que permite observar la actividad nocturna. Los equipos se alimentan con energía solar o baterías reutilizadas de monopatines eléctricos Lime. La IA analiza las grabaciones y clasifica los animales detectados.
Jenny Hanwell, responsable del proyecto, explicó a RNZ que su equipo puede consultar cada mañana un panel en el teléfono y ver, por ejemplo, si una zarigüeya o un armiño estuvo cerca de una trampa.
Ahí está la mejora del proceso: las grabaciones se convierten en pistas concretas para orientar el trabajo del equipo. La tecnología ayuda a encontrar los registros relevantes; las personas siguen tomando decisiones y realizando las tareas de conservación.
55 cámaras · Más de 44,000 videos
El despliegue descrito por Jenny Hanwell muestra el volumen de información que estos equipos necesitan revisar. La IA ayuda a localizar las grabaciones de los animales que buscan.
Hark: otra forma de vigilar el bosque, a través del sonido
Las imágenes son una parte de esta historia. En Taranaki, la organización 800 Trust desarrolló Hark, un dispositivo que utiliza IA para reconocer sonidos de aves, murciélagos y animales considerados plagas.
El equipo surgió de una pregunta muy concreta: ¿cómo saber si el trabajo de conservación está haciendo una diferencia? Escuchar e identificar la actividad del bosque permite reunir información para evaluar esos esfuerzos.
Miranda Wells, líder del proyecto, explicó a RNZ que Hark puede alertar a un miembro del equipo cuando detecta una plaga, incluso durante la noche. Esa información ayuda a responder cuando aparece un animal difícil de localizar.
Son dos herramientas distintas con una utilidad compartida: reconocer señales que las personas necesitan para cuidar mejor el entorno, mediante imágenes en un caso y sonidos en el otro.
Una mejora real que todavía necesita llegar a más personas
El costo sigue siendo una barrera. Según Wells, algunos grupos comunitarios tienen dificultades incluso para financiar el cebo de sus trampas. Incorporar nuevos dispositivos requiere recursos que muchos no tienen.
800 Trust espera que el interés internacional por Hark ayude a facilitar el acceso de organizaciones locales. Es una posibilidad que están explorando, no un resultado que ya puedan dar por conseguido.
El valor de estas herramientas ya se ve en el trabajo cotidiano: detectar animales, localizar los registros relevantes y orientar las tareas de conservación con información del terreno.
Lo que me interesa de este caso es cómo amplía nuestra idea de lo que podemos hacer con inteligencia artificial. Puede escuchar lo que ocurre en un bosque, reconocer un animal en la oscuridad y ayudar a una persona a decidir dónde concentrar su esfuerzo. Para quienes dedican su tiempo a proteger la vida silvestre, esa información puede ser una herramienta valiosa.
Fuente: RNZ, «The Kiwi AI tech saving our native bush from pests».