De la investigación al mercado: el programa que enseña a los académicos a levantar capital
¿Y si la tecnología para curar enfermedades ya existe, pero está atrapada en un laboratorio?
La idea detrás de una nueva aceleradora de startups nació, como muchas grandes ideas, de la frustración. Para Mary Minno, ex-gerente de producto en Google, todo se cristalizó mientras navegaba el sistema de salud para dos de sus familiares. Uno necesitaba cuidados intensivos urgentes; el otro, un tratamiento especializado a largo plazo. La experiencia fue un laberinto de demoras y fallos del sistema, donde la tecnología anticuada y las reglas rígidas perjudicaban a los pacientes.
“Las cosas solo avanzaban cuando la gente se salía del sistema y rompía las reglas”, cuenta Minno. “Me di cuenta de que aquí necesitamos más startups, porque son ellas las que van a desafiar el status quo”. A menudo, esto implica superar barreras sistémicas que frenan la innovación.
Para construir ese nuevo estándar, Minno acaba de lanzar una iniciativa con dos partes: Treehub, una aceleradora para startups en su fase más temprana, y AI Health Fund, un fondo de capital riesgo para apoyar proyectos que combinan inteligencia artificial y salud, como aplicaciones que traducen el consejo de un médico en acciones concretas.
El problema: genios de la ciencia, novatos en los negocios
Para darle forma al proyecto, Minno recurrió a su amiga y mentora, Esther Wojcicki (educadora y madre de Anne Wojcicki, fundadora de 23andMe, y de la fallecida Susan Wojcicki, ex-CEO de YouTube). Juntas identificaron el verdadero cuello de botella: los académicos.
Son ellos quienes tienen la investigación y los datos, pero se tropiezan al intentar convertir sus ideas en una empresa. ¿La razón? No saben contar una buena historia, al menos no como la quieren escuchar los inversores. Tampoco saben cómo llevar su investigación al mercado.
La solución que diseñaron es un programa que une a estos fundadores académicos con operadores de negocio experimentados, “de forma similar a como lo haría un fondo de capital para enseñarles el arte de construir una empresa”, explica Minno.
Una solución con dos caras: formación y financiación
La iniciativa funciona con una estructura doble para atacar el problema desde ambos frentes.
- Treehub: el campo de entrenamiento. Es una residencia de seis meses donde los fundadores pueden incubar sus ideas. Las primeras 12 semanas se dedican a encontrar el encaje entre producto y mercado. Las últimas 12 se centran en definir la dirección de la empresa, ya sea levantar una ronda de financiación, unirse a otra aceleradora o desplegar su tecnología en un hospital.
- AI Health Fund: el combustible inicial. En paralelo, y en colaboración con miembros del departamento de ciencia de datos biomédicos de Stanford, crearon este fondo. Su objetivo es inyectar los primeros cheques (entre 50.000 y 150.000 dólares) a compañías que nacen en el ámbito académico. El fondo busca recaudar 10 millones de dólares y ya cerró su primera ronda el año pasado con 1,5 millones, incluyendo un millón aportado por el inversor multimillonario Tim Draper. Estas startups a menudo exploran nuevas fronteras en la salud, como la detección temprana de enfermedades graves.
Este fondo también permite a Minno apoyar a fundadores que no pasen por la aceleradora o que ya tengan experiencia previa creando empresas.
Un enfoque práctico y sin adornos
El programa está diseñado para ser extremadamente práctico, casi como si el equipo de Treehub fuera un cofundador más. "En más de la mitad de los casos, les presentamos a los abogados que les ayudan a constituir la empresa", dice Minno.
Esther Wojcicki añade: "La diferencia con otras aceleradoras es que realmente les ayudamos con la estrategia y la resolución de problemas cuando surgen".
Para esta misión, cuentan con un equipo de peso. Anne Wojcicki, de 23andMe, se ha unido como socia operativa, mientras que Esther actúa como asesora fundadora. El equipo incluye a Roxana Daneshjou, profesora asistente de ciencia de datos biomédicos y dermatología en Stanford Medicine, y a Alexander Ioannidis, profesor asistente de ciencia de datos biomédicos y genética en Stanford.
AI Health Fund ya ha invertido en 12 compañías del programa Treehub. Entre ellas se encuentra una empresa del investigador Dennis Walls centrada en el autismo pediátrico y Clair Health, una herramienta para el seguimiento de hormonas femeninas.
Conscientes de que cada startup madura a su propio ritmo, el programa es flexible. "No tenemos un 'demo day' porque las empresas evolucionan a velocidades distintas", explica Minno. El objetivo ahora es aprender de esta primera generación de startups para entender qué partes del modelo se pueden escalar.
“Para nosotros es muy importante que cada empresa con la que trabajamos tenga éxito”, concluye. “Nuestra visión es multiplicar esto por diez. Empezamos con algo pequeño, y el plan es, después de repetir este ciclo unas cuantas veces, llevarlo a todo el país”.