El día que dejé de esperar: cómo la IA me hizo trabajar el doble (y disfrutarlo)
Notas sobre high agency, vibe coding, y por qué la habilidad más subestimada de 2026 es comunicar con precisión.
En febrero de 2026, Matt Shumer publicó un ensayo en X titulado Something Big Is Happening. Acumuló más de 55 millones de vistas en 24 horas. La tesis: lo que está pasando con la IA es más grande que la pandemia, y la mayoría de la gente todavía no lo ve.
Lo leí. Como millones más. Pero la pregunta que me dejó esa noche no fue si Shumer tenía razón. Fue otra:
¿Qué voy a hacer al respecto antes que la competencia?
Soy GM de Blink Esports. Nuestra apuesta es ser la plataforma de los esports en LATAM, frase que suena bonita en un pitch y suena distinto cuando son las 11 de la noche un domingo y todavía no he cuadrado el cierre de mes para poder empezar el lunes con un clean slate y avanzar todo lo que pueda.
Hace seis meses esto me abrumaba. Hoy manejo el doble de trabajo, sola, y lo disfruto más que nunca.
Lo que cambió no fue la IA. Fue cómo me relaciono con ella, y, antes que eso, qué decidí trabajar primero.
La pregunta que separa a quien construye de quien observa
George Mack popularizó el término "high agency" con una pregunta que me robé: ¿a quién llamarías si estás atrapada en una cárcel de un país del tercer mundo? Esa persona — la que va a mover cielo y tierra para sacarte — esa tiene high agency.
Para los que dirigimos operaciones, hay una versión más útil:
¿Quién es la persona en tu equipo que cuando un proceso se rompe, hace bypass del proceso en vez de esperar que alguien lo arregle?
Esa persona valía mucho en 2020. En 2026 vale diez veces más, y la razón es concreta. Antes, ese operador chocaba con un techo: por más voluntad que tuviera, en algún momento necesitaba a IT, a un freelancer, a finanzas, a un developer. La fricción no estaba en su capacidad. Estaba en su dependencia.
Hoy ese techo no existe. Y eso lo cambia todo.
La trampa de empezar por lo cómodo
Te voy a confesar algo, porque si no empiezo aquí el resto del artículo es teatro.
Cuando empecé a meterme con vibe coding, mi primer impulso fue automatizar lo que ya conocía bien, los flujos operativos que llevaba años resolviendo a mano, lo cómodo, lo familiar. Y esa era exactamente la trampa.
Estaba aplicándole IA a lo que ya manejaba bien para sentir que estaba haciendo algo, en lugar de meterme en lo que de verdad me faltaba dominar. Era una forma elegante de seguir esquivando el trabajo difícil.
El cambio vino cuando me senté a hacer una pregunta incómoda: ¿qué necesito que no estoy teniendo? Y la respuesta no era operativa. Era financiera.
Necesitaba claridad. Control de viáticos en tiempo real. Reportería que no me robara dos días al mes. Un presupuesto que pudiera revisar sin armar un Excel desde cero.
Esos procesos no eran sexy. Pero eran los que me estaban robando el tiempo creativo. Aquí va lo que construí:
Control de viáticos de juego. Cada torneo, cada producción, cada evento mueve gastos en muchos frentes, equipo técnico, talento, transporte, comida, casters, venue. Antes era una pesadilla de WhatsApps, recibos sueltos, y un Excel que actualizaba el lunes siguiente cuando ya nadie se acordaba bien de qué fue qué.
Hoy: app interna donde cada gasto se registra con foto del recibo, categoría y evento al que aplica, en el momento. La IA extrae los datos, los clasifica, y me muestra en un dashboard cuánto va consumido del presupuesto de cada evento, en vivo. Cierro un torneo y al día siguiente ya tengo claro lo que costó. Antes me tomaba dos semanas.
Reportería financiera mensual. El reporte de cada mes me hacía perder dos días enteros: pulling data de seis fuentes distintas, reconciliando a mano, armando narrativa desde cero.
Hoy las fuentes están conectadas, las plantillas se auto-pueblan, y yo agrego solamente el contexto estratégico, el por qué detrás de los números, las decisiones del mes, lo que pasó que no aparece en una hoja de cálculo. De dos días a dos horas por reporte. Y la calidad es mejor porque el agente no se cansa al detalle número 47.
Presupuesto y proyecciones. Esta es la que más me cambió la cabeza. Antes el Excel del presupuesto era un documento que abría cuando no me quedaba más remedio — siempre desactualizado, siempre con mes y medio de retraso, siempre con miedo de lo que iba a encontrar.
Hoy está conectado a los datos reales, se actualiza solo, y en cualquier momento puedo abrir el dashboard y responderme: ¿estoy on-track para Q3? ¿Qué línea está sobre-ejecutándose? ¿Cuánto margen tengo para la próxima activación? Esa visibilidad me dio algo que no esperaba: paz mental para tomar decisiones creativas sin estar volando ciega.
La parte que no esperaba
Cuando empecé este camino pensé que iba a trabajar menos. Esa es la promesa de marketing de toda herramienta de IA y es mentira.
Trabajo más. Probablemente el doble.
Pero es trabajo distinto. Lo aburrido se hizo invisible, la digitación, el copy-paste, el reconciliar números entre planillas, el "te recuerdo que me debes el reporte". Y lo que quedó es trabajo creativo y de juicio. Estrategia. Conversaciones que mueven la aguja. Diseñar formatos nuevos para los torneos. Pensar la próxima activación con un sponsor. Resolver el siguiente flujo.
Y lo más liberador, lo que de verdad me cambió la cabeza:
Dejé de tener techo por estar esperando a otra persona.
Antes, cualquier idea pasaba por: hablo con IT, contrato un freelancer, espero el próximo release de la herramienta SaaS, levanto un ticket que va a tomar dos sprints. Tres meses, mínimo, entre la idea y el resultado. Muchas ideas morían en ese delay porque ya no eran relevantes para cuando llegaban.
Hoy idea-prototipo-uso real está en la misma tarde.
Lo que el hype no te quiere contar
Pero tengo que ser honesta, porque la mitad de los influencers de IA en X venden una versión de esto que te va a hacer daño si la crees.
Esto no es magia. La fundadora de Theanna , startup de 203 mil dólares de ARR construida solo con vibe coding, lo dice sin filtro: la versión que vende internet ("escribe un prompt, sale una app, te haces millonaria") se está saltando el 80% de la experiencia real. Mucho de esto es debugging. Frustración. Iteración.
Hay un dato más crudo: para 2026, más de 8,000 startups necesitaron reescritura completa porque sus codebases vibe-codeados se volvieron inmantenibles.
¿Significa que vibe coding es mentira? No.
High agency no es atajo. Es músculo. Y como todo músculo, se entrena.
Las dos habilidades que de verdad importan
No se compran. No salen de un curso de YouTube. Son dos:
1. Comunicación. El nuevo código es el lenguaje natural. Si le dices a la IA "hazme un sistema de viáticos", obtienes un desastre. Si describes con precisión qué inputs recibe, qué outputs genera, qué casos edge debe manejar, qué categoría de gasto cuenta contra qué presupuesto, obtienes algo casi usable en la primera iteración. El que comunica con precisión, gana.
2. Atención al detalle. La IA hace el 80% bien. El otro 20%, el caso edge, la moneda que no contemplaste, la categoría de gasto que cambió en marzo, el decimal mal digitado, es tu trabajo. Si no lo cazas tú, lo cazas en producción cuando ya costó. Y en finanzas, eso se paga doble.
Eso es todo. Comunicación más atención al detalle. No es Python. No es un MBA. Son dos habilidades que cualquier gerente serio ya debería tener, ahora con un multiplicador brutal.
Lo que te propongo esta semana
Si manejas operaciones en LATAM, esports, retail, logística, agencia, lo que sea, te dejo lo que a mí me cambió el chip:
- No elijas el proceso que ya manejas bien. Esa es la trampa donde caí yo. Elige el que has estado evitando , el reporte que te angustia, el presupuesto que abres con miedo, la planilla que postpones. Ahí está el oro.
- Dale una hora, cronómetro real, a una herramienta de vibe coding. Lovable, Cursor, Replit, Google AI Studio, Bolt. La que sea. No leas reviews. Ábrela.
- Construye algo feo que funcione esta semana. Para ti, no para tu equipo. No tiene que escalar ni ser bonito. Solo tiene que existir y resolverte la fricción.
Si lo haces, una de dos: descubres que no es lo tuyo y al menos lo sabes. O descubres lo mismo que yo descubrí y nunca más vuelves a tener techo.
Cierro con la pregunta que importa
Vuelvo al ensayo de Shumer y los 55 millones de lectores.
La pregunta no es si esto va a pasar. Ya está pasando. La pregunta es si, cuando la próxima ola llegue — y va a llegar — vas a ser de las que esperan que alguien les arme la solución, o de las que abren la herramienta y la arman.
En 2026 no hay techo. Tampoco hay excusas.
Tú eliges.